viernes, 6 de febrero de 2015

Reflexión de Hoy- Sábado 07-02-15 (Y Dios creó el amigo…).

Y Dios creó el amigo… Autor: Juan Rafael Pacheco Fuente: www.mensajespanyvida.org Hace ya muchos años, estudiando en los Estados Unidos, uno de los

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Y Dios creó el amigo…

Autor: Juan Rafael Pacheco
Fuente: www.mensajespanyvida.org

Hace ya muchos años, estudiando en los Estados Unidos, uno de los compa­ñeros contaba la historia que relataban sus abuelos, del extraño caso de dos caballos que había en un campo cercano a su casa.

A la distancia, cada ca­ballo aparentaba ser igual a cualquier otro caballo. Sin embargo, si uno paraba el automóvil, o si estaba de ca­minata por los alrededores, podía observar algo bien sorprendente. Al fijarse en los ojos de uno de los caballos, se sabía sin duda alguna que era ciego. Su dueño había decidido no ponerlo a dormir, sino que por lo contrario le había preparado una buena casa. Esto de por sí ya era extraordinario.

Además, estando a corta distancia de los animales, se oía claramente el sonido de una campanita, y buscando su origen, podía verse que procedía del más pequeño de los dos caballos. En efecto, la tenía amarrada a una cuerda en su cuello, lo cual permitía al amigo ciego saber dónde estaba, y poder seguirlo.

Mientras uno, admirado, observaba estos dos amigos, podía verse que, con cierta frecuencia, el caballo vidente volteaba la cabeza, buscando ver en qué estaba su compañero ciego. Y asimismo, el caballo ciego siempre estaba pendiente del tilín para dirigirse hacia donde iba el otro ca-ballo, confiando en que no sería llevado por un camino equivocado que lo hiciera perderse.

Cada atardecer, cuando el caballo con la campanita emprendía el camino hacia el cobijo del establo, de vez en cuando interrumpía su paso y miraba hacia atrás, asegurándose que su amigo ciego no estuviera tan lejos que le fuera difícil oírla. Al igual que el dueño de estos dos caballos, Dios no nos descarta porque no sea­mos perfectos o porque ten­gamos problemas o retos. Él nos vigila, e inclusive trae otras personas a nuestras vidas para ayudarnos cuando estamos en necesidad.

A veces somos el caballo ciego, guiados por la campanita de aquellos que Dios pone en nuestro camino. Otras veces, somos el caballo que guía, ayudando a otros a encontrar su camino. Los buenos amigos son así. Uno puede que no siempre los vea, pero sabe que siempre están ahí.

¿Te has preguntado alguna vez cómo Dios creó el amigo? ¿No? Bueno, pues aquí va la respuesta. Dios, en su extrema sabi­duría, observando al hombre, notó que además de la espo­sa, de los padres y de los hijos, necesitaba a alguien para completar su felicidad, y resolvió crear ese alguien muy especial.

Decidió unir algunas buenas cualidades y formar esta persona tan importante. Tomó la paciencia, la comprensión, el cariño y el amor, que son típicos de la madre. Colocó un poco de determinación, de fuerza, de deci­sión, sacados del padre. Viendo que todavía faltaba algo, mezcló con todo eso la pureza, la espontaneidad, la alegría, la irreverencia y la sinceridad de los niños. Para dar el toque final añadió la paciencia y la mo­deración de los abuelos.

Surgió entonces un alguien único, importante y fundamental en la vida de todos nosotros, porque de toda esa mezcla de buenas cualidades y de todo lo que es bueno, ¡creó Dios el amigo!

¡Gracias por ser mi amigo!

¡Ah! ¡Una última cosa! Pon atención y escucha cui­dadosamente el tintineo de mi campanita, que yo siempre estaré pendiente de escuchar la tuya.

Bendiciones y paz.

Para comunicarse con el autor escribir a:
casadeluzjn812@gmail.com

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jueves, 5 de febrero de 2015

Reflexión de Hoy- Jueves 05-02-15 (¿Sabes afrontar la vida?

¿Sabes afrontar la vida? Fuente: www.buzoncatolico.com Autor: José María Escudero (mardepri@terra.es) Muchas veces los problemas de cada día, los

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¿Sabes afrontar la vida?

Fuente: www.buzoncatolico.com

Autor: José María Escudero (mardepri@terra.es)

Muchas veces los problemas de cada día, los pequeños problemas del día a día, producen un mayor desgaste tanto físico como emocional, más que las grandes situaciones que nos pueden suceder en determinados momentos de nuestra vida.

¿Cómo se enfrenta la gente con las situaciones problemáticas del día a día?

Se enfrenta a los problemas: Cuando la persona tiene confianza en sí misma, cuando tiene una sana autoestima, cuando es capaz de controlar la ansiedad. La persona es consciente que la mejor manera de solucionar la situación es enfrentarse a ella.

Se concentra en el problema: Hay que detenerse en las dificultades y examinarla para acabar con ellas. Muchas veces necesitamos concentranos para saber qué caminos de solución tiene ese problema.

Búsqueda de apoyo de las demás personas: A las personas que han pasado por las mismas situaciones les pregunto cómo pudieron superarlas. Busco personas que me puedan ayudar a superar esas dificultades.

Intento ver el lado positivo del problema: En toda dificultad de la vida por muy dura que sea podemos encontrar también algo positivo. Tenemos que esforzarnos por descubrir lo bueno que hemos sacado incluso de las malas situaciones.

Aceptar que las cosas son como son: Muchas veces tratamos de encontrar explicaciones a cosas que no la tienen. Nos preguntamos cosas importantes y el por qué suceden tantas tragedias a nuestra alrededor y terminamos aceptando que las cosas son como son sin mayores explicaciones.

Volcarse en la religión: Hay que tener mucho cuidado porque hay personas que cuando no saben solucionar sus problemas se refugian en la religión. Su fe no es del todo auténtica. Es una fe utilitarista. Cuando se soluciona el problema se acaba la vida de fe.

Expresa las emociones constantemente: Tienen la necesidad de contar lo que les pasa a todo el mundo con el que se encuentra. Se pasan todo el día hablando con todo el mundo de su problema.

Niega el problema: La persona niega lo que ha ocurrido. No es verdad lo que ha pasado. Lo ve todo como una mentira absurda y sin sentido. Lo que pasó no es verdad.

Se rinde ante la dificultad: Piensa que no puede hacer frente al problema y se deja llevar por él. "Que sea lo que sea..."

Busca mentalmente distraerse: Voy al baile y al cine, y a la excursión, y al paseo, y la exposición, y a la charla... todo para no quedarme solo conmigo mismo.

Se mete en el alcohol o la droga: Se refugia en el alcohol y la droga tratando de sentirse mejor cuando lo que hace es agravar el problema.

Intentan ser flexibles en las situaciones de la vida: Ser inflexible sólo trae problemas mayores a la propia persona y a los que le rodean.

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martes, 3 de febrero de 2015

Reflexión de Hoy- Miércoles 04-02-15 (Rostros luminosos "marcados" por la oración).

Rostros luminosos "marcados" por la oración. Autor: RP. Pedro Barrajón, L.C. Fuente: Una bella oración del beato John Henri Newman dice así: "Quéda

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Rostros luminosos "marcados" por la oración.

Autor: RP. Pedro Barrajón, L.C.
Fuente:

Una bella oración del beato John Henri Newman dice así: "Quédate, Señor, conmigo y entonces yo comenzaré a iluminar como tú iluminas". Esta oración en la que se invita al Señor a quedarse con nosotros nos recuerda a esa otro petición hecha a Jesús por los discípulos de Emaús: ¡Quédate con nosotros porque cae le tarde! (Lc 24, 26). Pedirle a Señor que esté con nosotros, que no se vaya, que se quede con nosotros, es reconocer que sin Él nada podemos y que sin Él la vida carece de luz, belleza y sentido. Cuando estamos con una persona que amamos y ésta, por diversos motivos, se tiene que marchar, al despedirnos de ella nos parece que el mundo es más triste y menos luminoso. El Señor cuando está con nosotros nos da el calor de su presencia y de su amor y tememos que algún día se tenga que ir, que nos deje solos y desamparados. San Juan de la Cruz describe en poesía esta "ida" de Dios y la búsqueda ansiosa del alma que sale en su búsqueda: "Como el ciervo huiste, habiéndome herido. Salí tras ti clamando y eras ido" (Canciones entre el alma y el esposo, 1, 3-5).

La oración de Newman dice que, estando el Señor con nosotros, entonces nosotros comenzaremos a brillar como Él brilla. A quien ama, se le nota el amor en el rostro y en toda su vida. Quien está lleno del amor y de la presencia de Jesús, ilumina de un modo nuevo toda su existencia y los demás ven en él la huella de la presencia divina. De algún modo a los santos se les ha visto en torno a sí esa aureola que los hace participar del mundo divino aun viviendo en esta tierra.

La luz se verá en nosotros, pero no será nuestra, será de Jesús. Él es la Luz de mundo y quien lo sigue no camina en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida (Jn 8, 12). Él es como el sol y nosotros somos sólo la luz refleja de la luna. Quien ora recibe esta maravillosa luz divina que calienta su todo ser, dando luz a la inteligencia y fuerza a la voluntad para vivir en el amor y responder al Amor con amor.

A veces pensamos que oramos mal y efectivamente nuestra oración podría mejorar mucho, pero sin embargo ya por el hecho de orar nuestra vida asume una luz nueva que, a pesar de nuestras luchas, los otros perciben. En su novela "Diario de un sacerdote de pueblo", Bernanos describe el encuentro de un parroquiano, el Sr. Olivier, con un joven sacerdote. El parroquiano le dice al sacerdote que ve en su rostro el hábito de la oración. El sacerdote responde: "Pero si yo oro muy mal". Y el parroquiano le contesta que lo que se ve en él es el esfuerzo por orar, el combate de la oración. Y añade: "Su rostro está como "gastado" por la oración". A veces creemos que nuestra oración es mala porque es una lucha y sin embargo en esa lucha, como en la lucha de Jacob con el ángel, está presente Dios y se nota su presencia luminosa en nuestra vida, dejándonos "marcados", como el ángel marcó a Jacob en el muslo (Gn 32, 26). Dios nos "marca" con su presencia aunque nuestra oración sea una lucha y no sea lo perfecta que quisiéramos.

El mundo espera rostros "marcados" por la presencia de Dios, "gastados" por la oración y de este modo el mundo podrá recibir algo de la luz esplendorosa de Cristo. No temamos el combate de la oración, las luchas de la oración, las noches de la oración, incluso cuando, heridos por el amor de Dios, parece que Él nos abandona por un momento. En esa herida divina, está ya nuestra curación y en esas tinieblas, despunta la luz porque para Dios "las tinieblas son como luz" (Sal 139, 12).

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domingo, 1 de febrero de 2015

Reflexión de Hoy- Lunes 02-02-15 (El museo).

El museo. Autor: Soraida Fuentes. Fuente: Un pequeño museo en una ciudad se encontraba abandonado porque ya no habían personas interesadas en visit

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El museo.

Autor: Soraida Fuentes.
Fuente:

Un pequeño museo en una ciudad se encontraba abandonado porque ya no habían personas interesadas en visitarlo. El encargado estaba preocupado porque corría el peligro de ser cerrado pero su angustia no era conservar su fuente laboral, sino perder los registros de la historia que tenía la ciudad y que las nuevas generaciones no pudieran apreciar los tesoros que se encontraban ahí.

Al igual que los habitantes de esa ciudad, nosotros también perdemos el interés de recordar los hechos importantes tanto positivos como negativos, momentos que hubiésemos querido evitar pero pasaron y que se registraron en el museo de la mente, victorias y derrotas, que forman parte de una gran historia de vida.

No es malo recordar esos sucesos cuando son para impulsar nuestro andar, cuando son para prevenirnos de cometer los mismos errores, porque nos desafían a lograr completar la meta que nos trazamos y nos ayudaron a acercarnos más a Dios.

El Señor, quien no nos abandona y estuvo en las buenas y en las malas, fue el primer testigo de las luchas que tuvimos a lo largo del año.
"Me vienen a la mente los tiempos pasados y me pongo a pensar en todas tus acciones; tengo muy presente todo lo que has hecho!" Salmo 143, 5

Hay muchas cosas que no querrás recordar pero estarán ahí como una lección aprendida, no dejes que los recuerdos te atrapen y te encadenen, sé libre con la ayuda de Dios pues Él siempre nos da nuevas oportunidades para enmendar nuestros errores y caminar hacia la meta de su mano.

Cuida tu museo con la esperanza de que todo será mejor y que Dios te dará victoria en todo momento porque estás permaneciendo fiel al compromiso que adquiriste siendo hecho hijo suyo.

"Pero después me acuerdo de todo lo que has hecho, oh Señor; recuerdo tus obras maravillosas de tiempos pasados." Salmo 77, 11

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