miércoles, 29 de octubre de 2014

Reflexión de Hoy- Jueves 29-10-14 (Altura y profundidad del amor de Dios para un enamorado de la eucaristía).

Pan y Vida se fundó para llevar consuelo, alivio, en tantos momentos difíciles que pasamos a diario ayúdenos a seguir http://bit.ly/1uVrtQZ Altura y

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Pan y Vida se fundó para llevar consuelo, alivio, en tantos momentos difíciles que pasamos a diario ayúdenos a seguir http://bit.ly/1uVrtQZ

Altura y profundidad del amor de Dios para un enamorado de la eucaristía.

Autor: Pedro Peredo Fernández
Fuente: evangelizafuerte.com.mx

Todo mi ser es como nada delante de ti; y todas las naciones de la tierra son en tu presencia como si no fueran. Sal 139, 6; Is 40, 17.

Dios es la plenitud del poder, de la sabiduría, del amor; el hombre, un abismo de inteligencia, de ignorancia, de egoísmo. Ya por su naturaleza, Dios y el hombre, lo infinito y lo finito, se encuentran a una distancia inconmensurable.

Desde el seno del Padre, de lo íntimo de aquel santuario augusto de paz, de luz, de plenitud, entre los esplendores de la santidad y de las adoraciones del cielo, descendió el Verbo y se aniquiló a sí mismo tomando nuestra carne, haciéndose hombre… y bajó más todavía; tomó sobre sí todas nuestras debilidades y gustó la amargura de todos nuestros dolores (cfr. Is 53, 4). Pero ese descenso de Cristo no ha sido un hecho pasajero, se ha inmortalizado en la Eucaristía. La misión de Cristo, que se reduce a ser lazo de unión entre Dios y el hombre, a anular esa distancia infinita y a colmar ese abismo insondable, se ha perpetuado en la Eucaristía.

Tiene pues la eucaristía dos aspectos: uno que toca a Dios y se pierde en el seno del Padre; otro que toca al hombre bajando hasta el abismo de las miserias humanas.

Todos estos misterios no se verifican allá muy lejos y muy alto, en lo más cercano del cielo, no, esos misterios se realizan en la humilde pequeñez de la hostia santa…

Cuando el verbo, Esplendor del Padre, la hermosura de su sustancia, bajó al relicario más puro de la humanidad, al lugar más santo de la tierra: el seno de María, la Iglesia no vacila en exclamar: ¡no retrocediste ante el seno de la virgen! ¿Qué decir cuando se trata de bajar al corazón del hombre? ¡Cuántas veces la mano inocente del sacerdote colocará la hostia santa sobre labios manchados! Y la Eucaristía no se retira; ¡no retrocediste! Sigue adelante y baja… hasta el fondo de aquella inmunda cloaca, más asquerosa que el mismo infierno… ¡Dios mío! ¡Dios mío! La hostia inmaculada, la blancura divina en el fondo de esa letrina… comprendo el "vermis et no homo" de Isaías, no un hombre, ¡un gusano que se tuerce en el inmundo y asqueroso fango! ¿Cómo puede Dios permitir eso, eso que no tiene nombre? Cristo ha permitido la infamia del sacrilegio para poder elevar, desde el abismo de un corazón en pecado y en medio de las inmundicias de la culpa, ¡el gemido inenarrable de su divina adoración! ¡Oh, que hondo baja y que alto sube!

Ante estos misterios que deslumbran, que anonadan, no queda sino doblar las rodillas, inclinar la frente y en silencio adorar… Tantum ergo sacramentum, veneremur cernui…

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martes, 28 de octubre de 2014

Reflexión de Hoy- Martes 28-10-14 (¿Cómo es usted?).

Sé parte de esta evangelización online colaborando con Pan y Vida. Desde un $1 en adelante puedes ser parte http://bit.ly/1uVrtQZ ¿Cómo es usted? Au

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¿Cómo es usted?

Autor: Monseñor Rómulo Emiliani, c.m.f.
Fuente: Unmensajealcorazon.org

Generalmente nos preguntamos: ¿Cómo estás? Y uno dice "bien", o "regular", o también "mal". Pero la clave para saber cómo está usted, que siente, cómo se encuentra, está en saber: COMO ES USTED. Sí, el cómo es usted determina el como está usted. Si usted es una persona intransigente, clavada en su línea férrea de pensar y de actuar, inflexible a los cambios y muy dogmática en sus puntos de vista, generalmente no se sentirá bien, no estará bien. Choques con la gente, deseo de que todos piensen como usted, que todos funcionen como usted quiere. ¿No se da cuenta de que todos no podemos pensar igual? De que cada uno tiene su manera de ver las cosas, de pensar y de que nadie tiene toda la razón? De que aparte de la fe muchas de nuestras verdades son relativas y la intransigencia trae resentimientos, úlceras, iras y buscar convivir solamente con la gente que piensa como usted.

Si usted es una persona perfeccionista y que quiere que todo salga "lo máximo", sin fallas, "nítido", inmaculado, se sentirá muchísimas veces mal. Y lo que es peor contagiando con su estado de ánimo a otra gente. No se puede hacer todo bien, perfecto. Esto lo inmoviliza. Le impide hacer muchísimas cosas simplemente por divertirse, por aprender. Pintar un cuadro, cantar una canción, conocer algo de karate. Simplemente para experimentar algo nuevo. Pero si dice: "Si no pinto como Dali, canto como Julio Iglesias o practico artes marciales como Kung Fu, entonces jamás ..." se quedará sin hacer muchas cosas buenas, gozosas, simplemente por experimentarlas. Dedíquese con todo su corazón a hacer algunas cosas lo mejor posible, y otras muchas, hágalas sin obsesionarse en la perfección. Los perfeccionistas acaban frustrados, con complejos de culpa y problemas de autorechazo. Nadie es perfecto. Se sentirá mucho mejor no siendo tan perfecto.

Si usted es una persona que solo está pendiente de la aprobación de los demás, del sí de otros, del aplauso de aquellos, de la mirada complaciente de alguien para actuar, muchísimas veces se sentirá muy mal. Paralizado cuando no le dan el visto bueno. Hundido cuando hizo algo que siendo para usted bueno, cayó mal a algunos a los que usted ha cedido el dirigir su propia existencia. Cuando usted ha puesto en las manos de otros el decidir sobre lo que es bueno o malo para usted; cuando usted no piensa, decide, analiza, actúa movido por sus propias convicciones, se convierte en un prisionero, en un ser manipulado e infeliz. Y así no se sentirá bien. Solamente se sentirá bien cuando se convierta en el dueño de su propia vida.
Se sentirá mal o bien, de acuerdo a cómo sea usted. Sea libre, espontáneo, alegre, amoroso, creativo, activo. Sea lo mejor de usted mismo. Y sobre todo, sea usted mismo. Siéntase orgulloso de su ser, acéptese, quiérase, ríase un poco de la vida, no se tome tan en serio, sea positivo. No intente hacer que los demás sean como usted. Todos tenemos derecho a la autenticidad. Y no se olvide, con Dios usted será feliz, INVENCIBLE.

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lunes, 27 de octubre de 2014

Reflexión de Hoy- Lunes 27-10-14 (Aprender a escuchar).

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Aprender a escuchar.

Autor: Jaime Tatay sj
Fuente: pastoralsj.org

Escuchar es uno de los artes más difíciles que conozco. Aprender a escuchar bien exige paciencia y práctica; es como leer y escribir: no se improvisa, se aprende a lo largo del tiempo. Es un hábito que se cuida y desarrolla, una técnica que se pule y perfecciona. Escuchar requiere liberar tiempos y crear hábitos: tiempos para desentrañar significados y desmontar prejuicios; hábitos para hacer silencio y reflexionar sobre lo escuchado.

En una ocasión le escuché decir a un educador: "lo más difícil no es aprender algo nuevo, sino desaprender algo antiguo." Al escuchar le sucede algo similar: lo difícil no es oír, sino vaciarse lo suficiente para que la palabra escuchada entre, resuene y permanezca. Escuchar es un arte que implica todos los sentidos, no sólo los oídos: pide atención a palabras, gestos, reacciones, omisiones y silencios. Pide saber interpretar y leer entre líneas; pide meditar y digerir lo visto y oído.

Si muchas de nuestras conversaciones (y de nuestros debates parlamentarios) nos suenan vacías y, a menudo, no conducen a ninguna parte, ¿no será porque no nos ejercitamos para ser oyentes? Si los niños tardan varios años para poder balbucir, torpes, sus primeras palabras, ¿por qué los adultos –charlatanes y prepotentes–olvidamos tan pronto nuestros humildes orígenes de oyentes, para lanzarnos a hablar sin escuchar?

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domingo, 26 de octubre de 2014

Un domingo para el amor.

Pan y Vida se fundó para llevar consuelo, alivio, en tantos momentos difíciles que pasamos a diario ayúdenos a seguir [http://bit.ly/1uVrtQZ](http://bit.ly/1uVrtQZ)


Un domingo para el amor.

Autor: José Ignacio Alemany Grau, obispo.
Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/

¿Te gustaría saber que si en este momento te murieras, te canonizaría la Iglesia o no?

Como posiblemente esto te parece un poco complicado, haremos otra pregunta.

¿Por qué canonizaron a Juan Pablo II, a santa Rosa, a san Martín, etc.?

La respuesta es bastante simple. Basta examinar la vida de esa persona y fijarse si ha cumplido lo que enseña el Evangelio de hoy.

Un buen día un experto en la ley preguntó a Jesús, con una intención no muy limpia, por cierto:

“¿Maestro, cuál es el mandamiento principal de la ley?”

La respuesta de Jesús no se hizo esperar.

Tuvo dos partes:

La primera: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”.

Y evitando toda distracción tanto en el que preguntaba como en el público, añadió enseguida:

“El segundo es semejante a éste (mandamiento): amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Jesús concluye que estos mandamientos resumen la ley y los profetas, es decir, todas las enseñanzas y mandamientos que había en ese momento en la historia de la salvación.

Quizá preguntes ¿y qué tiene que ver esto con la pregunta anterior?

La respuesta es muy simple.

Examina si esas personas (y si te atreves a ti mismo) han cumplido con valentía y generosidad estos dos mandamientos, incluso de una manera heroica.

Si es así son santos de verdad, canonizados o no: están definitivamente con Dios.

Por si acaso, recuerda que santa Rosa llegó a escuchar de Jesús unas palabras que le hablaban de amor esponsal: “Rosa de mi corazón sé tú mi esposa”.

Por otra parte ella, san Martín, san Juan Pablo II, etc. vivieron con entrega valiente y generosa el amor y servicio al prójimo, como nos consta por la historia.

El libro del Éxodo, en ambiente del Antiguo Testamento, nos habla también del amor y servicio al prójimo que pide el Señor:

“No oprimirás ni vejarás al forastero.

No explotarás a las viudas y huérfanos…

Si prestas dinero, no lo hagas con usura.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol”.

De todas maneras, ten muy en cuenta que cuando cualquier hombre oprimido grite al Señor, el Señor lo respaldará a él y no a ti: “porque Yo soy compasivo”.

Este párrafo nos habla de cosas concretas sobre el amor al prójimo.

El salmo responsorial, por su parte, nos habla de la otra parte del gran mandamiento: “Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, mi roca, mi alcázar, mi libertador…”

Y todavía añade más palabras de amor a Dios que a veces no entendemos, pero que se logran entender en la medida en que vivimos el amor a Dios y necesitamos decírselo con palabras muy concretas, por cierto: “Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte”.

Más todavía. El salmista, lleno de amor a este Dios maravilloso concluye diciendo:

“¡Viva el Señor, bendita sea mi roca!”

Sabemos que la roca era el símbolo de Dios en el Antiguo Testamento por lo que ella significa de fuerza, de fidelidad incorruptible.

Por su parte san Pablo nos habla en la carta a los Tesalonicenses que uno de los signos de amor y fidelidad que tenemos a Dios consiste en acoger su Palabra. Y no de cualquier manera sino “acogiendo la Palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo”.

Esa es la alegría del Evangelio que nos presenta el Papa Francisco en su última carta.

Esta acogida es tan intensa que no sólo la han vivido los tesalonicenses sino que ellos mismos la han propagado evangelizando por otros muchos países.

Algo muy importante para nosotros porque, como estamos viendo, el verdadero amor a Dios debe traducirse en la acogida amorosa de su Palabra y también en transmitirla para que otros puedan conocer y amar a Dios sobre todas las cosas.

Por su parte el salmo aleluyático nos advierte que “el que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él”.

Es hermoso pensar que quien acoge la Palabra de Dios, acoge a Dios y quien la comparte con el prójimo está haciendo el acto de caridad más grande, el de unir el corazón de Dios con el corazón del prójimo”.

José Ignacio Alemany Grau, obispo.

Reflexión de Hoy- Domingo 26-10-14 (Un domingo para el amor).

Un domingo para el amor. Autor: José Ignacio Alemany Grau, obispo. Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/ ¿Te gustaría saber que si en este

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Un domingo para el amor.

Autor: José Ignacio Alemany Grau, obispo.
Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/

¿Te gustaría saber que si en este momento te murieras, te canonizaría la Iglesia o no?

Como posiblemente esto te parece un poco complicado, haremos otra pregunta.

¿Por qué canonizaron a Juan Pablo II, a santa Rosa, a san Martín, etc.?

La respuesta es bastante simple. Basta examinar la vida de esa persona y fijarse si ha cumplido lo que enseña el Evangelio de hoy.

Un buen día un experto en la ley preguntó a Jesús, con una intención no muy limpia, por cierto:

"¿Maestro, cuál es el mandamiento principal de la ley?"

La respuesta de Jesús no se hizo esperar.

Tuvo dos partes:

La primera: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser".

Y evitando toda distracción tanto en el que preguntaba como en el público, añadió enseguida:

"El segundo es semejante a éste (mandamiento): amarás a tu prójimo como a ti mismo".

Jesús concluye que estos mandamientos resumen la ley y los profetas, es decir, todas las enseñanzas y mandamientos que había en ese momento en la historia de la salvación.

Quizá preguntes ¿y qué tiene que ver esto con la pregunta anterior?

La respuesta es muy simple.

Examina si esas personas (y si te atreves a ti mismo) han cumplido con valentía y generosidad estos dos mandamientos, incluso de una manera heroica.

Si es así son santos de verdad, canonizados o no: están definitivamente con Dios.

Por si acaso, recuerda que santa Rosa llegó a escuchar de Jesús unas palabras que le hablaban de amor esponsal: "Rosa de mi corazón sé tú mi esposa".

Por otra parte ella, san Martín, san Juan Pablo II, etc. vivieron con entrega valiente y generosa el amor y servicio al prójimo, como nos consta por la historia.

El libro del Éxodo, en ambiente del Antiguo Testamento, nos habla también del amor y servicio al prójimo que pide el Señor:

"No oprimirás ni vejarás al forastero.

No explotarás a las viudas y huérfanos…

Si prestas dinero, no lo hagas con usura.

Si tomas en prenda el manto de tu prójimo, se lo devolverás antes de ponerse el sol".

De todas maneras, ten muy en cuenta que cuando cualquier hombre oprimido grite al Señor, el Señor lo respaldará a él y no a ti: "porque Yo soy compasivo".

Este párrafo nos habla de cosas concretas sobre el amor al prójimo.

El salmo responsorial, por su parte, nos habla de la otra parte del gran mandamiento: "Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, mi roca, mi alcázar, mi libertador…"

Y todavía añade más palabras de amor a Dios que a veces no entendemos, pero que se logran entender en la medida en que vivimos el amor a Dios y necesitamos decírselo con palabras muy concretas, por cierto: "Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte".

Más todavía. El salmista, lleno de amor a este Dios maravilloso concluye diciendo:

"¡Viva el Señor, bendita sea mi roca!"

Sabemos que la roca era el símbolo de Dios en el Antiguo Testamento por lo que ella significa de fuerza, de fidelidad incorruptible.

Por su parte san Pablo nos habla en la carta a los Tesalonicenses que uno de los signos de amor y fidelidad que tenemos a Dios consiste en acoger su Palabra. Y no de cualquier manera sino "acogiendo la Palabra entre tanta lucha con la alegría del Espíritu Santo".

Esa es la alegría del Evangelio que nos presenta el Papa Francisco en su última carta.

Esta acogida es tan intensa que no sólo la han vivido los tesalonicenses sino que ellos mismos la han propagado evangelizando por otros muchos países.

Algo muy importante para nosotros porque, como estamos viendo, el verdadero amor a Dios debe traducirse en la acogida amorosa de su Palabra y también en transmitirla para que otros puedan conocer y amar a Dios sobre todas las cosas.

Por su parte el salmo aleluyático nos advierte que "el que me ama guardará mi Palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él".

Es hermoso pensar que quien acoge la Palabra de Dios, acoge a Dios y quien la comparte con el prójimo está haciendo el acto de caridad más grande, el de unir el corazón de Dios con el corazón del prójimo".

José Ignacio Alemany Grau, obispo.

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