domingo, 23 de noviembre de 2014

Reflexión de Hoy- Domingo 23-11-14 (Jesucristo tiene que reinar).

Jesucristo tiene que reinar. Autor: José Ignacio Alemany Grau, obispo. Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/ "Porque consagraste Sacerdote

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Jesucristo tiene que reinar.

Autor: José Ignacio Alemany Grau, obispo.
Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/

"Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo, ungiéndolo con óleo de alegría, para que ofreciéndose a sí mismo, como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz, consumara el misterio de la Redención humana, y, sometiendo a su poder la creación entera, entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz".

No he querido quitar ni una sola palabra a este importante párrafo del prefacio porque la Iglesia nos presenta de esta manera la grandiosidad y entrega de Cristo Sacerdote y Rey y al mismo tiempo nos enseña las características de su reinado maravilloso.

Fijémonos bien: es para siempre y para todos. En él encontramos la verdad y vida que tanto ansiamos y en este mundo sólo gozamos a medias.

Por otra parte es un reino que corresponde al plan de Dios sobre nosotros, es decir conseguir la gracia y la santidad.

Finalmente, en este reino se encuentran las tres características que siempre anheló la humanidad: la justicia, el amor y la paz.

La primera lectura nos habla de Dios como Pastor.

Es el profeta Ezequiel quien nos transmite algunas características suyas:

"Yo mismo en persona buscaré a mis ovejas… seguiré yo el rastro de mis ovejas y las libraré… Yo mismo apacentaré mis ovejas… Buscaré las ovejas perdidas, recogeré a las descarriadas y curaré a las enfermas."

Ezequiel nos presenta también a Dios como juez con estas palabras que nos hacen recordar lo que encontraremos en el Evangelio del día:

"Voy a juzgar entre oveja y oveja, entre carnero y macho cabrío".

La referencia a las ovejas está clara.

En cuanto a los carneros y machos cabríos, suele entenderse respecto a los jefes del pueblo.

El salmo responsorial es, una vez más, el 22 tan querido por nuestro pueblo.

Muchas veces lo referimos a Jesús, y está bien la referencia, pero evidentemente que la Biblia habla del Dios único del Antiguo Testamento, ya que entonces no conocían el misterio de la Trinidad:

"El Señor es mi Pastor, nada me falta".

En la segunda lectura san Pablo nos presenta a Jesucristo resucitado de entre los muertos que es la primicia, es decir el primero en resucitar en nombre de toda la humanidad que Él redimió con su muerte y resurrección.

Y puesto que se trata de la fiesta de Cristo Rey, fijémonos en esta expresión:

"Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies".

Este reino de Cristo terminará cuando Él, verdadero Dios pero también verdadero hombre, se someta a sí mismo al Padre Dios "y así Dios será todo para todos".

El verso aleluyático nos recuerda las palabras de Marcos en el día que Jesús entró en Jerusalén solemnemente: "Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega".

En cuanto al Evangelio, es un pasaje muy conocido por todos nosotros.

Se trata de un adelanto que nos hace Jesús quien, como buen Maestro, nos prepara para salir airosos en el último examen que rendiremos cada uno, al final de los tiempos.

Este examen será sobre la segunda parte del gran mandamiento, es decir, junto al amor de Dios el amor al prójimo, que es la verdadera manifestación de que nuestro amor es sincero:

"Tuve hambre y me diste de comer. Tuve sed y me diste de beber. Fui forastero y me hospedaste. Estuve desnudo y me vestiste…"

Se trata por consiguiente de un juicio decisivo para toda la humanidad:

El criterio en este juicio será nuestra actitud con los necesitados.

Es Jesús mismo quien revela la clave de la felicidad cuando contesta a las preguntas de los bienaventurados ("¿Cuándo te vimos con hambre y te alimentamos; con sed y te dimos de beber…?")

"Cada vez que lo hicieron con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicieron".

No hay duda de que nuestro gozo será pleno si podemos oír las maravillosas palabras del Juez y Rey, Jesucristo:

"¡Vengan, benditos de mi Padre; hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo!"

Y terminemos pidiendo al Padre con la oración principal de este día:

"Dios todopoderoso y eterno que quisiste fundar todas las cosas en tu Hijo muy Amado, Rey del Universo, haz que toda la creación, liberada de la esclavitud del pecado sirva a tu majestad y te glorifique sin fin".

José Ignacio Alemany Grau, obispo.

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sábado, 22 de noviembre de 2014

Reflexión de Hoy- Sábado 22-11-14 (Nos acostumbramos).

Nos acostumbramos. Autor: Reflexiones para el alma. Fuente: Nos acostumbramos a vivir en nuestra casa y a no tener otra vista que no sean las venta

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Nos acostumbramos.

Autor: Reflexiones para el alma.
Fuente:

Nos acostumbramos a vivir en nuestra casa y a no tener otra vista que no sean las ventanas de los edificios que nos rodean. Y como estamos acostumbrados a no ver más que ventanas y edificios, nos acostumbramos a no mirar hacia afuera.

Como no miramos hacia afuera, nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Al no abrir completamente las cortinas nos acostumbramos a encender la luz antes. Nos acostumbramos tanto, que olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos el paisaje.

Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde. A tomar rápido el desayuno porque llegamos tarde. A comer un sándwich porque no tenemos tiempo para comer a gusto. A salir del trabajo cuando ya anocheció. A cenar rápido y dormir con el estómago pesado sin haber vivido el día, porque tenemos que ir a trabajar temprano.

Nos acostumbramos a esperar un "no puedo" en el teléfono. A sonreír sin recibir una sonrisa de vuelta. A ser ignorados cuando necesitamos ser vistos. Si el trabajo resulta duro, nos consolamos pensando en el fin de semana. Y cuando llega el fin de semana, nos aburrimos y deseamos que llegue el lunes para ir a trabajar.

Nos acostumbramos tanto a este estilo de vida, que parece que estamos ahorrando vida por miedo a gastarla, y al final, nos olvidamos de vivir.

"Acuérdate de tu Creador ahora que eres joven. Acuérdate de tu creador antes que vengan los días malos. Llegará el día en que digas: "No da gusto vivir tantos años" Eclesiastés 12:1

"La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja"

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viernes, 21 de noviembre de 2014

Reflexión de Hoy- Lunes 24-11-14 (Vivir el Evangelio es fruto del Espíritu).

Vivir el Evangelio es fruto del Espíritu. Autor: Pbro. Dr. Enrique Cases Fuente: encuentra.com Quien vive según el Evangelio es ya «hombre nuevo»,

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Vivir el Evangelio es fruto del Espíritu.

Autor: Pbro. Dr. Enrique Cases
Fuente: encuentra.com

Quien vive según el Evangelio es ya «hombre nuevo», ha recibido el Espíritu de Dios y sus frutos: amor, alegría, paz...

La moral cristiana es fruto del Espíritu. «El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, comprensión, servicio, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de sí. Contra esto no va la Ley» (Ga. 5, 22-23). Quien vive así es ya «hombre nuevo», ha recibido el Espíritu de Dios.

El Evangelio responde a las aspiraciones más profundas del hombre. No hay ideal más alto. La muchedumbre queda asombrada al escuchar el programa evangélico de Jesús (Mt. 7, 28). El Evangelio es anunciado, no a unos pocos sino a la gente, a todos aquellos que reconocen su incapacidad para saciar, por sí mismos, su sed de dignidad y de justicia. El Evangelio es buena noticia: su cumplimiento hace brotar la bienaventuranza, la alegría, la felicidad. Lo que, por encima de todo, busca el hombre. (C.v.e., p. 313)

HIJOS DE DIOS

La ley nueva de Jesucristo hace a los creyentes hijos de Dios, y, por tanto, hermanos de todos los hombres. El cristiano podrá participar de la vida divina más abundantemente y hacer a los otros partícipes de ese don, gratuitamente recibido. Se han abierto las puertas del cielo para todos los que, libremente, quieran ser fieles a Dios.

Con la ayuda de los demás podremos llegar a la cima de la santidad.

COMUNIÓN DE LOS SANTOS

El cristiano es esencialmente un hombre comunitario. Vive en comunión con Dios y con los hermanos. La comunión es su signo distintivo y la realización del mayor de los mandamientos: «Os doy un mandamiento nuevo; que os améis los unos a los otros... En esto conocerán que sois discípulos míos» (Jn. 13, 35).

Este amor fraterno al que Jesús convoca a sus discípulos es como levadura en la masa, que lleva a superar divisiones y enfrentamientos entre los hombres. La raíz de esta vida comunitaria es una exigencia de la Alianza: es la fe en un solo Señor, en un solo Dios y Padre de todos.

La unión fraterna de los cristianos se realiza principalmente cuando juntos escuchan la Palabra de Dios y celebran la Eucaristía. Esta unión se manifiesta, sobre todo, por la unidad en la fe y por la puesta en común de los bienes materiales y espirituales y la ayuda mutua. Todo ello supone la íntima unión espiritual de todos los que nos han precedido y están ya en la casa del Padre. Es lo que llamamos «comunión de los santos» (C.v.e., p. 412)

Los cristianos recibirán, con la gracia, al Espíritu Santo que les llenará de la fuerza divina para que puedan hacer que se restablezca en el mundo el Reino de Dios: reino de justicia, de amor y de paz (Prefacio de la Misa, en la fiesta de Jesucristo Rey del universo).

San Pablo resumirá esta nueva vida diciendo que la condición moral del cristiano es la de -la libertad de gloria de los hijos de Dios. (Rom. 8, 21). El hombre, por creación, es imagen de Dios, pero, por la Redención, esa imagen divina en el hombre es más perfecta: es la imagen de Jesucristo en los cristianos. El cristiano debe ver en los otros la imagen de Cristo, quien considerará hecho a Él, lo que se hiciera por los que creen en Él.

La lucha del cristiano será destruir los restos del mal que queden en su interior y en el mundo: Morir con Cristo al egoísmo; y desarrollar la semilla de bien que Dios ha puesto en su corazón por la gracia: Vivir con Cristo para el amor.

«La fraternidad universal de todos los hombres se basa en que todos somos hijos de Dios, sin distinción de raza, lengua o país» (Juan Pablo II)

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