jueves, 28 de mayo de 2015

Reflexión de Hoy- Jueves 28-05-15 (Seguro tú también has sufrido ¿sabías que podemos ofrecer el sufrimiento).

Seguro tú también has sufrido ¿sabías que podemos ofrecer el sufrimiento? Autor: Padre Pedro Barrajón, L.C Fuente: El ofrecer lo que nos crea sufri

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Seguro tú también has sufrido ¿sabías que podemos ofrecer el sufrimiento?

Autor: Padre Pedro Barrajón, L.C
Fuente:

El ofrecer lo que nos crea sufrimiento, dolor, o lo que nos molesta, puede ser muy meritorio porque recocemos al Señor nuestra pequeñez

Hay situaciones personales, familiares o comunitarias que uno no puede cambiar porque no dependen de la propia voluntad. A veces estas situaciones nos crean grandes sufrimientos porque nos crean heridas muy íntimas y nos encontramos como impotentes para modificar esa determinada situación. Podemos pedir al Señor que la cambie, podemos pedir fuerza para llevarla con paciencia pero también podemos ofrecerla al Señor.

La oración de ofrecimiento libera el alma de muchas inquietudes.

Esta oración de ofrecimiento es de gran valor y libera el alma de muchas inquietudes. No es simplemente una oración de resignación, porque creemos siempre que la omnipotencia divina puede cambiar lo que quiera según su voluntad. Es más bien un acto de aceptación del querer de Dios que se manifiesta en algunas circunstancias y en modos muy misteriosos para nuestra inteligencia limitada.

El ofrecer lo que nos crea sufrimiento, dolor, abnegación, lo que nos molesta, sea de los demás que de nosotros mismos, puede ser muy meritorio porque recocemos delante del Señor nuestra pequeñez y confiamos que Él tendrá una solución en aquello que nosotros no podemos alcanzar por nosotros mismos.

Muchas personas ofrecen sus dolores, las penas de su familia y las problemas del mundo con gran fe y confianza a Dios. Y vemos que son personas santas y humildes a las que el Señor escucha sus plegarias y las llena de dones espirituales.

Claro está, que si podemos hacer algo práctico por desenlazar los nudos de estas situaciones, lo debemos hacer con prudencia y con valor, si fuera necesario. Pero a veces los nudos son demasiado complicados para poderlo desatar nosotros. Y ofrecer al Señor con humildad las molestias que nos causa tales situaciones y al mismo tiempo con confianza pedirle que, si es su voluntad, sea Él quien con su poder desate los nudos que el pecado o egoísmo humanos han realizado, es un acto de santificación que nos llena de una gran paz en medio del dolor.

Una tal actitud y oración de ofrecimiento la vemos en María sobre todo cuando Ella, al pie de la cruz, ofrece su Corazón Inmaculado al Padre, uniéndolo al de Su Hijo. Nosotros podemos ofrecer también los pequeños sufrimientos de cada día como oración al Padre, unidos a Jesús y a María.

Sin temor a ofrecer hasta lo más diminuto

No temamos en ofrecer incluso "pajitas" como decía Santa Teresa, que hablaba del ofrecimiento de pequeñas cosas al Señor, porque, decía ella: "yo no soy para más" y el Señor "todo lo recibe" (Libro de la Vida, 31, 23). Sí, el Señor todo lo recibe. También las pequeñas pajitas de nuestros sufrimientos, que ponemos en el fuego de su Amor como ofrenda de amor nuestro.

Aprendamos a ofrecer al Señor todo, incluyendo la propia miseria. Ofrezcámosle a Él sobre todo esas situaciones nuestras, de parientes, de amigos, de nuestra comunidad, de nuestra patria que, por lo complejas que son, no pueden ser cambiadas de un momento a otro, pero que siempre están bajo el poder y la providencia divinos. El Señor todo lo recibe, también nuestros más pequeños ofrecimientos de amor que se convierten así en una oración sencilla y sincera

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Padre Pedro Barrajón, L.C.

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domingo, 10 de mayo de 2015

Reflexión de Hoy- Domingo 10-05-15 (El amor de Dios va por delante).

El amor de Dios va por delante. Autor: José Ignacio Alemany Grau, obispo. Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/ Hasta que se descubren los

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El amor de Dios va por delante.

Autor: José Ignacio Alemany Grau, obispo.
Fuente: homiliasparalossencillos.blogspot.com/

Hasta que se descubren los criterios de Dios, andamos con los nuestros que nos parecen siempre los mejores.

▪ Pedro, como buen judío, piensa que la salvación que ha traído Jesús sigue el mismo camino de la revelación en el Antiguo Testamento: todo y solo para Israel.

Pero, un buen día, Dios le presenta en una visión un mantel bien provisto de toda clase de animales para que los coma.

Pedro se niega: "de ningún modo, Señor; nunca comí cosa profana e impura". Tres veces Dios le hace ver la misma visión. A Pedro se le caen sus principios cuando oye: "Lo que Dios ha purificado, tú no lo consideres profano".

En ese momento llegan unos enviados de Cornelio, que es un centurión romano y no pertenece, por tanto, a la religión judía.

Le piden que vaya a su casa. Pedro no entiende, pero el Espíritu Santo le dice: "Ponte en camino con ellos sin dudar, pues yo los he enviado".

Pedro va. Y queda con la boca abierta cuando ve que el Espíritu Santo cayó sobre todos los que había en la casa de Cornelio escuchando sus palabras.

No acababa de entender pero él mismo dijo: "¿Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Espíritu Santo igual que nosotros?"

Es interesante que no es Pedro el que los bautiza sino que manda a sus acompañantes que bauticen a la familia y amistades de Cornelio en el nombre de Jesucristo.

▪ El salmo responsorial canta la grandeza del Señor que se revela, no solamente al pueblo judío, sino que da la salvación a todas las naciones: "El Señor revela a las naciones su salvación".

Y a continuación nos invita a todos, y así lo haremos en la Santa Misa, a "cantar al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas… El Señor da a conocer su victoria… los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor tierra entera; gritad, vitoread, tocad".

Podríamos irnos a la casa del Cornelio para cantar este himno de alabanza. Lo entenderíamos mejor en este domingo.

▪ En la segunda lectura San Juan sigue hablándonos del amor: "Amémonos unos a otros ya que el amor es de Dios y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios".

Tenemos que tener presente que lo importante "no es que nosotros hayamos amado a Dios sino que Él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados".

Esto es muy importante porque a veces nos creemos algo así como que Dios debe estar contento porque lo amamos. En realidad el amor de Dios siempre va por delante y el nuestro es solo una respuesta a su entrega.

▪ El versículo aleluyático nos recuerda que nuestro amor a Dios lo manifestamos cuando "guardamos la Palabra de Dios". Guardando la Palabra estamos guardando al Verbo de Dios y así ¡el Padre ama al Verbo dentro de nosotros!

Esta presencia de la Palabra y del Padre nos hace verdadero templo de Dios:
"Mi Padre lo amará y vendremos a Él".

▪ El Evangelio es continuación del capítulo quince de San Juan y sigue insistiendo en el verbo permanecer que resaltamos el domingo pasado, repitiendo tres veces el mismo verbo:
"Permanecer en mi amor... si guardáis mis mandamientos permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamiento de mi Padre y permanezco en su amor".
Ahora te invito a que medites con profundidad algunos pensamientos.
▪ "Como el Padre me amó yo os he amado". Aunque no pertenece la frase a este párrafo, es la clave para entenderlo mejor: Jesús nos ama con la misma ternura que el Padre lo ama a Él.
▪ Para permanecer en Cristo y con Él, tenemos que guardar los mandamientos de Jesús como Él los del Padre: piensa que Jesús te quiere semejante a Él también en esto.
▪ El mandamiento nuevo, el mandamiento de Jesús es el amor, pero como el de Él. Una vez más nos damos cuenta cómo quiere que nos parezcamos a Él, para que el Padre Dios nos ame como ama a Jesús: "que os améis unos a otros como yo os he amado".
▪ Por otra parte, en el Evangelio vemos cómo Jesús nos da las dos grandes pruebas de su amistad: Dar la vida física: "nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" y en segundo lugar "os llamo amigos porque todo lo que he oído de mi Padre os lo he dado a conocer". No olvidemos que "la vida eterna consiste en conocer al Padre y a su enviado Jesucristo".

igue meditando por tu cuenta, este hermosísimo capítulo quince de San Juan.

Terminamos con las últimas palabras de hoy: "esto os mando: que os améis unos a otros".

Un saludo especial para las mamás que son las que mejor nos recuerdan la ternura de Dios para con nosotros.

José Ignacio Alemany Grau, obispo.

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miércoles, 6 de mayo de 2015

Reflexión de Hoy- Miércoles 06-05-15 (Meditación: Juan 15, 1-8).

Meditación: Juan 15, 1-8. Autor: Fuente: a-palabra.com "Yo soy la vid verdadera." (Juan 15, 1) Saber que no tenemos que bregar solos en esta vida

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Meditación: Juan 15, 1-8.

Autor:
Fuente: a-palabra.com

"Yo soy la vid verdadera." (Juan 15, 1)

Saber que no tenemos que bregar solos en esta vida es reconfortante. Por muy aislados o débiles que nos sintamos, la verdad es que el Señor está con nosotros y nunca nos abandona. Él es "la vid verdadera" (Juan 15, 1), por eso podemos tener la plena seguridad de que recibiremos cuanto necesitamos para crecer en fe y fortaleza. El Padre es el viñador, de modo que todo lo que nos sucede, ya sean cosas agradables o difíciles, vienen a ser instrumentos que nos van moldeando a medida que él nos poda.

Como ejemplo del efecto que produce el hecho de permanecer en Cristo, consideremos la iglesia primitiva que describe San Lucas en Hechos 9, 26-31. Por ejemplo, ¿de dónde recibió Saulo (más tarde San Pablo) la valentía y la convicción, no sólo para dejar de perseguir a la Iglesia, sino para tomar un rumbo diametralmente opuesto y llegar a ser uno de los principales apóstoles? Su encuentro personal con Cristo resucitado lo transformó radicalmente, pero tenía muchos años de orgullo y prejuicios de los que Dios debía purificarlo para hacerlo un instrumento humilde y dócil a la gracia. ¿Fue difícil este proceso? Seguramente sí, pero Pablo decidió soportarlo, porque ya había experimentado el amor de Cristo (2 Corintios 5, 14).

Pensemos también en los discípulos de Jerusalén, cuando Pablo llegó para reunirse con ellos. ¿Qué les hizo creer que la conversión del que conocían como fariseo y perseguidor era auténtica? Por su fe firme en Cristo, los discípulos pudieron olvidar lo que había sucedido antes y aceptar a Saulo como hermano. Por supuesto, no fue fácil, pero sabían que Cristo puede transformar la muerte en vida y esta convicción les permitió correr el riesgo. La historia misma es testigo del fruto que produjo tal decisión.

En efecto, Dios está tan interesado en la salvación de sus hijos que protege a todo el que se acoge a él con el deseo de ser purificado. Acerquémonos hoy al Señor y pidámosle la gracia de seguirlo dondequiera nos lleve.

"Padre celestial, te damos gracias por incorporarnos al cuerpo de Cristo, como ramas de la vid verdadera y concédenos fuerzas para dar frutos de amor. Ayúdanos a superar la desconfianza y la incredulidad, para que no obstaculicemos la obra de tus manos, sino que nos alegremos por el amor que has demostrado a todo tu pueblo."

Hechos 15, 1-6; Salmo 121, 1-5

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